Letargo redhead in yellow jersey close up

Letargo Virtual

In BETWEEN US by ahtzirilagarde

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Alrededor de la semana pasada, volví de un letargo virtual que duró aproximadamente dos meses. Fueron muchas cosas las que llevaron a pensar que desconectarme de manera drástica era lo mejor para mi salud mental. Entre ellas estaba, sobretodo, el hecho de que mis redes sociales ya no representaban la ventana que ventilaba mi vida real, sino más bien, mi vida real había comenzado a ventilarlas a ellas. Me estaban sofocando. Estaba empezando a importarme más el número de likes que validaban mi trabajo que mi trabajo en sí, y comencé a adaptarme a estos, cayendo en ese espiral que he criticado tanto en otras ocasiones. Naturalmente, no tardé en sentirme perdida, y fue cuando decidí salir de la marcha para observarla desde afuera. Entonces vi a muchos de mis conocidos caminando en círculos con la nuca puntiaguda y el rostro iluminado de azul. No los juzgo, yo misma estaba caminando con ellos en ese espiral. O bueno sí, la verdad es que sí juzgo a esos que publican literalmente cualquier cosa, a los que fingen una vida que no tienen y a los que ya no interactúan nada-nadita por andar revisando su teléfono. Y es que nos hemos acostumbrado tanto a las redes sociales que es imposible creer que existía una vida antes de estas, o mejor dicho, que existe una vida.
Andaba todavía mareada de tanta vuelta cuando los de la editorial me mandaron el informe de cambios para Las Cenizas de Ícaro (ya ni me digan, ya-ni-me-digan), y mientras sudaba la gota gorda para ver de dónde iba a sacar tiempo para ello me pregunté: ¿qué pasaría en mi vida si abandonara las redes sociales por un tiempo?

*Dos meses después*

El Momento en el Momento

El primer Sábado por la noche de mi letargo virtual, decidí dejar el teléfono en casa. Recuerdo que sentí un vacío. Pero no un vacío feo, más bien un vacío como el que encierran los globos entre sus paredes de plástico; ese que los hace flotar al ritmo de Pennywise. Cuando mis amigos tomaban sus teléfonos, yo estaba obligada a verlos con objetividad como si fuera la única sobria en un grupo de borrachos (supongo). Y si estaban muy feos, entonces mejor miraba a mi alrededor y notaba, extrañamente, que estaba viva. Esa sensación de vivir el momento durante el momento (también conocida como Mindfulness), te carga como una ola de energía que asumo, las redes inevitablemente te roban de una manera u otra.

Sin Likes no hay paraíso

Pero tampoco infierno. Y es en ese punto intermedio en donde uno pone los pies en la Tierra. Las cosas no se hacen para compartir, sino que se comparten por que se han hecho. Hay un momento dado en el que perdemos el equilibrio y con éste, también la autenticidad. Paradójicamente, sin influencias mediáticas me volví más creativa. Puse más atención a los sonidos, los aromas, los sabores, pero sobretodo, a las personas que me rodean. De hecho, me dediqué a borrar todos los bots y usuarios inactivos que me seguían, aunque eso representara perder de 8,000 a 10, 000 followers. Creo que de cierta manera, deseaba que la comunidad con la que interactúo, mantuviera esa autenticidad que había reencontrado y a la que ya no estoy dispuesta a renunciar.

Leo ergo existo

Suena extraño viniendo de una escritora (me siento taaan intelectual), pero precisamente porque pasé 3 años de mi vida escribiendo un libro, no quise leer demasiado durante ese periodo. Retomé el hábito hacia el final, cuando estaba segura de que el estilo de algún(a) escritor(a) no fuera a influenciar demasiado el mío. Sin embargo, las redes sociales quitan demasiado tiempo, y por el hecho de ver letritas por aquí y por allá, damos por hecho que ya hemos leído lo suficiente cada día. Por supuesto que no. La literatura es un mundo completamente distinto al del web, y regresando al punto de equilibrio, no debemos abandonar el uno por el otro (en el caso, quizás sea mejor abandonar el segundo). El tiempo ganado me dio para leer dos libros a la vez: Stephen King (IT) para agarrar el gusto e Isabel Allende (La Casa de los Espíritus) para conciliar el sueño. En efecto, mi calidad de sueño ha mejorado exponencialmente desde que pongo el teléfono en modo aéreo una hora –o incluso dos– antes de irme a dormir. Cierro los ojos pensando en Beverly Marsh (debería inspirar más seguido los movimientos feministas, ¿no?) en lugar de revisar compulsivamente mis últimos likes. 

Por esto y más, un letargo virtual es una experiencia que les aconsejo al 100% . Lo ideal sería llevarlo a cabo en una playita o durante un retiro en la montaña, pero si no es posible, lo mejor del caso es que puede llevarse a cabo desde la comodidad de sus realidades. ¡Nos estamos viendo!

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