redhead with braids writing FIN

FIN

In BETWEEN US by ahtzirilagarde

Lo hice. Escribí un libro. Fueron los 2 años más largos y más breves de mi vida. Pensé que iban a ser 6 meses. Después un año. Luego un año y medio. Por más que uno las imagine, hay cosas que sólo se pueden comprender hasta que te tocan. Como tener un hijo. Y la verdad es que de cierta manera, escribir un libro no es muy distinto. Pasas un largo e intenso periodo con algo que vive en tus entrañas, que crece y que nunca te abandona. Vives con la consciencia de que el día del parto, tu vida dará un giro de 180°.

El Viernes pasado en la noche, cuando escribí la última palabra, me puse a llorar con la computadora entre los brazos. El capitulo final fue uno de los más difíciles de escribir, más que por su contenido, por las circunstancias que lo rodearon y desde luego, por su significado. Desde que lo escribí hasta que lo terminé, surgieron un sinfín de cosas que ya hasta me daban risa. No sé si era el cansancio. Por decir, el día que comencé a escribir el último párrafo, sucedieron tres terremotos; no se me había pasado el susto del primero cuando ya estaba llegando el otro. Había imaginado el cierre de este libro en mi terraza, en compañía de todos mis amigos y amigas, con un vaso de champagne en la mano y unas lágrimas muy glamourosas resbalando por mis mejillas; la verdad es que por azares del destino, ninguno de mis amigos estaba en la ciudad, cuando brindé llevaba una especie de mameluco encima y las lágrimas nomás me hincharon la cara. Supongo que una odisea tan intensa, requiere un final de equivalente intensidad.

Hoy, después de 146 110 palabras, 25 meses de reclusión voluntaria y una carrera fotográfica por renaudar, finalmente puedo compartir este momento con ustedes. No saben cuánto agradezco a todos los que con su insistencia, no dejaron de interesarse y también a quien para no presionarme, mejor ni me preguntó. En cuanto a la publicación, si todavía no están inscritos a la mail list de Las Cenizas de Ícaro, no olviden hacerlo; yo les escribiré personalmente cada detalle.

I did it. I wrote a book. They were the longest and shortest 2 years of my life. I thought it was going to be 6 months. Then a year. Then a year and a half. No matter how you imagine them, there are things that can only be understood until they happen to you. Like having a child. And the truth is that in a certain way, writing a book is not too different from that. You spend a long and intense period with something that lives in your gut, that grows and never leaves you. You live with the awareness that on the day of childbirth, your life will make a 180-degree turnaround.

On Friday night, when I wrote the last word, I started to cry with the computer in my arms. The final chapter was one of the most difficult to write, rather than ’cause its content, ’cause the circumstances surrounding it and, of course, its meaning. From the time I wrote it until I finished it, a lot of things happened. For instance, the day I started writing the last paragraph, three earthquakes got place; I was recovering from the first one when a new one was coming. I had imagined the clausure on my terrace, in the company of all my friends, with a glass of champagne in hand and a very glamorous tears running down my cheeks; the truth is that by chance of fate, none of my friends was in the city, on the toast I was wearing a very unflattering pyjamas and the tears swelled my face. I suppose that an intense odyssey requires an ending of equivalent intensity.

Today, after 146 110 words, 25 months of voluntary confinement and a photographic carrier to resume, I can finally share this moment with you. You do not know how much I thank all those who with their insistence, they never ceased to be interested on the novel and also to whom didn’t ask to save me some pressure. As for the publication, if you are not yet registered to the mail list of Icarus Ashes, do not forget to do so; I will personally write every detail.

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